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¿Que es AMICLOR? INCINERACION

 

 

 

SPITTELAU: Todo un ejemplo.

En estos últimos años, cada vez que el gobierno municipal de alguna ciudad plantea la construcción de una incineradora para la eliminación de las basuras surge de repente algún grupo, que capitaneando la bandera de un hipotético "clamor popular", extiende una serie de historias entre la población para evitar su construcción. Uno de los elementos perniciosos atribuidos a las incineradoras es la combustión del PVC, siendo los detractores de este plástico uno de los encargados de incitar a la población.

La incineración siempre tiene que ser el último eslabón; lo más correcto es una recogida selectiva para poder reciclar, reconvertir o reutilizar todas las materias posibles. Hay situaciones en las que no queda otro remedio que instalar una de estas incineradoras y desde luego debe de ser con todas las garantías. Hoy en día las hay.

Un ejemplo en Europa, la ciudad de Viena existe una planta de incineración modélica ubicada en el barrio de Spittelau, lo confirma en que fuera seleccionada como "buena práctica" en el concurso Habitat II de Naciones Unidas y catalogada como BEST. Ésta fue construida sobre las cenizas de otra existente en el mismo lugar con la oposición inicial de los movimientos ecologistas.

Esta planta forma parte del plan de gestión de los residuos de dicha ciudad. La cantidad de residuos que recibe tratamiento térmico es de cerca de 265.000 toneladas anuales. Su combustión produce, además de calor para el sistema de calefacción centralizada, electricidad para su propio abastecimiento.

En 1995, más de 150.000 viviendas y más de 3.000 edificios públicos se conectaron al sistema de calefacción centralizada.

Las instalaciones de la planta de incineración de Spittelau tienen la mejor tecnología ambiental disponible en el momento actual: precipitadores electrostáticos y filtros húmedos para la eliminación de los metales pesados, ácido clorhídrico y dióxidos de azufre, y un sistema catalítico de depuración de gases de combustión que reduce los óxidos de nitrógeno (NOx), las dioxinas y furanos con un alto grado de eficacia.

Otro indicador de la compatibilidad ambiental de la planta incineradora de residuos de Spittelau es el hecho de que el diseño arquitectónico fue realizado por el célebre artista internacional Friedrich Hundertwasser, que es un ambientalista convencido vinculado al movimiento de Los Verdes, y que únicamente accedió a hacerse cargo de este proyecto, de forma honorífica, tras largas discusiones sobre aspectos ambientales. Como muestra de ello reproducimos un fragmento de la carta que le remitió a su compañero de infancia y amigo Minich líder del movimiento ecologista de Viena, dicho escrito es un amplio compendio pedagógico para aquellas personas para las que las plantas de incineración sólo son un "generador de elementos contaminantes".

Planta.jpg (7774 bytes)

Vista general de la planta incineradora de Spittelau

"Querido amigo Minich,

Todos nosotros, cada vienés, somos responsables de nuestra basura. Si dejamos de producir basura, ésta no se podrá incinerar.

¡Boicoteemos pues las incineradoras y no las suministremos más basura! ¿Pero será realizable esta solución en Viena?

Se debería criminalizar la basura. Se debería multar sensiblemente a los productores de basura, a la industria de embalajes, a las personas que producen basura, es decir a todos nosotros, para conseguir que no se produzca más basura.

Durante todo un año he luchado conmigo mismo, esgrimiendo los mismos argumentos que tú para un rechazo, antes de tomar la decisión de aceptar el encargo del rediseño arquitectónico y visual de la planta.

Como sabes, estoy en contra de todas las substancias tóxicas que contaminan nuestro medio ambiente y desde siempre he defendido una sociedad libre de basura. Pero no obstante soy realista. No podemos cerrar los ojos ante la realidad.

Mis utopías y sueños son todos realizables, y sigo probándolo.

Estudiando las consecuencias de un cierre definitivo de la incineradora Spittelau, es decir pensando hasta el final, se llega a la conclusión de que las consecuencias negativas serían mucho más graves.

Ya que la sociedad sin basura no se puede realizar mañana, ojalá la consigamos pasado mañana. Lucharé con vehemencia por eso y tenemos que trabajar cada día para conseguir este objetivo.

Los aspectos negativos:

Incineración de basura en un barrio poblado de la ciudad y el miedo de que los contaminantes puedan amenazar vidas humanas.
  1. Con la incineración se salta la etapa de humus, se rompe el circuito de reciclaje.
Los aspectos positivos:
  1. Destrucción amplia, casi completa de los contaminantes mediante la incineración y la unidad DeNox que reúne en sí las tecnologías más modernas.
  2. Producción de calor para calefacción del 10 al 15% de las viviendas vienesas.
  3. Gracias a mi diseño, la planta ya no tendrá este aspecto feo de una grande instalación. La carga psíquica causada por la inmensa y amenazadora contaminación óptica del medio ambiente será levantada.

Estoy seguro de que aparecerá el orgullo en los ciudadanos por vivir cerca de este nuevo monumento vienés y como consecuencia crecerá la autoconciencia y la alegría de todo un barrio, sobre todo porque la unidad de filtración y la parte tecnológica serán ejemplares en todo el mundo.

Por muy paradójico que parezca, veo sin embargo la planta de Spittelau como el primer monumento para un futuro mejor sin basura. Estoy orgulloso de que este ejemplo se dé en Austria. Las autoridades, la burocracia, los políticos e ingenieros conscientes de su responsabilidad han hecho lo que han podido, eso se tiene que reconocer.

A nosotros nos toca probar que somos capaces de hacer más y mejor. Las meras protestas no sirven. Solo una nueva sociedad orientada a los verdaderos valores ecológicos y creativos y formada por nosotros mismos puede llevar paso a paso al cambio.

En detalle:

La incineración en frío (descomposición de basura en vertederos) tiene los mismos efectos que la incineración en caliente:
  1. Se quema la misma cantidad de oxígeno, solamente en un periodo más largo.
  2. El aire es contaminado con la misma cantidad de C02, solamente en un período más largo.
  3. Al aire y al agua escapan casi los mismos contaminantes y sustancias tóxicas, que tardan solamente más tiempo.

    Se produce el mismo calor (energía), pero en los vertederos no se utiliza.

    Una pieza de madera desprende la misma energía durante su descomposición e inertización que dura entre 3 y 5 años que durante su incineración en el horno que dura un minuto.

  4. Una pieza de madera deja la misma cantidad de cenizas (residuos), si es incinerada en caliente en un minuto o en frío en 3 o 5 años.

    Sólo que en los vertederos las sustancias tóxicas no se neutralizan y escapan libremente a la atmósfera, sobre todo los metales pesados, mientras que en la planta de Spittelau se recuperan.

    Si la basura fuera transportada en camiones a un vertedero o a una incineradora fuera de la ciudad, digamos a 30 km. de Viena, los humos y gases de escape producidos por los motores de los camiones amenazarían mucho más a la población que la incineradora de Spittelau.
Para decirlo más claramente: aproximadamente 2.000 toneladas diarias de basuras son transportadas en unos 300 camiones, y cada camión produce cinco veces más gases de escape tóxicos no filtrados que un coche normal, y eso en las carreteras, a una altura donde respiramos.

Además la basura no podría aprovecharse energéticamente para la red de calefacción a distancia de Viena. Los vertederos vieneses, que ya ahora representan un peligro, están casi llenos y no tienen sitio para más basura.

La capa de aire de la tierra es un sistema interconectado. Es indiferente que la chimenea se halle en Viena o en Alaska, porqué el efecto para los habitantes de la tierra será el mismo. De la misma forma se observa el progresivo deterioro del aire que respiramos en todo el mundo, tanto en Europa cómo en el Sahara o Nueva Zelanda.

La basura no clasificada, tal como se presenta ahora, es tan tóxica que el compost que de ella se obtiene no se puede utilizar como humus en los jardines y campos y ni siquiera en los bosques.

Según las mediciones y los cálculos la cantidad de dioxinas que saldrá de la chimenea de Spittelau será de menos de 0.0000000004 (nueve ceros) por metro cúbico de aíre.

La cantidad máxima de dioxinas y furanos efectivamente respirada será solamente de 0,00000000000003 (13 ceros).

No pienso que estas cifras sean mentira; ya un número menor de ceros sería impresionante. Puesta en relación con la distancia entre la luna y la tierra (380.000 km), esta cantidad de contaminantes corresponderá a una línea de 1,2 mm. La capacidad de los futuros filtros de Spittelau es increíble. Sobre todo se elimina un 99,9% de los metales pesados tóxicos como cadmio, plomo, zinc, cromo etc. que así no llegan ni al aire ni al agua.

Las escorias y cenizas volantes producidas son casi totalmente neutralizadas por el sistema DeNox. Eso será una de las grandes ventajas de la nueva planta. Además, gran parte de las escorias será vitrificada.

Los metales pesados son recuperados de los filtros. En estos filtros, la concentración de los metales pesados es mucho más alta que en las minas y su recuperación mucho más sencilla, requiriendo mucho menos energía.

El humo de cigarrillos y los gases de escape de los coches son un mayor peligro. por las dioxinas, el monóxido de carbono, los óxidos de nitrógeno etc. que contienen. No se puede imaginar a cuantas chimeneas sin filtros equivalen. Son un riesgo verdadero que viene desde abajo, a la altura de respiración.

Aspirando los gases de escape de un sólo coche uno se moriría en pocos minutos. Pienso que en Viena hay 600.000 coches registrados.

No obstante conducimos todos coche, también los ecologistas. ¿Cuales son las cifras de su toxicidad? ¿Son también un cero con muchos ceros detrás de la coma?

La problemática de una sociedad sin coches (sin gases de escape) es parecida a la de una sociedad sin basura. No se puede conseguir de un día a otro.

Antes de que tomara la decisión de aceptar este encargo, nuestro amigo Lötsch me ayudó a redactar una carta de renuncia.

Pero él también acabó pensando que por falta de una alternativa realista, impedir la nueva incineradora causaría un mayor daño ecológico que su puesta en marcha. Y dejaba a mí la decisión el hacer el diseño artístico o no. Estudios más profundos a medida global nos demuestras lo que ya sabía. La recogida selectiva de la basura sólo calmará la situación por algún tiempo.

Las sustancias compostables y no tóxicas deberían recogerse para producir humus.

Sólo una sociedad sin basura sería la solución absoluta a este problema. Toda la Humanidad debería dejar de producir basura.

Y si digo no producir basura en absoluto quiero decir que no se tendrán que extraer combustibles fósiles, sustancias tóxicas y radioactivas del subsuelo de la tierra. Cuando materias como petróleo, carbón y sustancias tóxicas lleguen a la superficie de la tierra, ya da igual si se incineran en caliente o se depositan en vertedero y se incineran en frío, si se transforman en materiales sintéticos, plástico etc., si se reciclan, si estos materiales sintéticos se incineran o no, se reciclan o se depositan en vertederos.

El resultado siempre será el mismo: una atmósfera desequilibrada y contaminada por sustancias tóxicas, un humus contaminado y por consiguiente la contaminación del agua, del aire, de las plantas, los animales y del espacio vital de los hombres.

Incinérese a la vez esta concentración gigantesca de combustibles fósiles, que a lo largo de muchos millones de años se han formado, o deposítese en vertederos, incinérense los productos de petróleo y carbón o no, el resultado será igualmente catastrófico, con las mismas consecuencias sin salida para las generaciones futuras.

Existe una sola salida: no extraer más combustibles fósiles del subsuelo.

La naturaleza tardó millones de años para cubrir las sustancias tóxicas que se hallaban en la superficie de la tierra con una capa de humus, plantas y oxígeno.

Extrayendo estas sustancias tóxicas del subsuelo, volvemos con violencia al estado original de hace millones de años, período en el que el hombre todavía no podía existir en la tierra.

Espero que veas el problema es toda su globalidad.

Para las necesidades actuales no sólo debe optar para el mal menor sino por la única solución actualmente posible, sin dejar de luchar cada día por un futuro mejor.

En el interés de la causa ecologista, te ruego que hagas publicar esta carta, junto a la tuya en las noticias de los protectores de la naturaleza de Viena.

Cordialmente tu amigo

     Hundertwasser ".

Vertidos no, incineración sí

Los españoles, como habitantes de un país rico, producimos enormes cantidades de basura. En las grandes ciudades sobrepasamos son creces la cifra promedio de un kilo de basura y día, y sólo en las pequeñas poblaciones de carácter eminentemente agrícola y ganadero, donde subsiste aún la medieval pero muy saludable costumbre de reciclarlo casi todo, apenas si se supera el medio kilo por habitante y día. Aquí, como en el resto de Europa, el problema de las basuras urbanas debe ser enfocado urgentemente desde una doble perspectiva: por una parte, concienciación de la población acerca de la reducción, reutilización y reciclado de todo lo que se pueda. Por otra, sustitución inmediata de los vertederos, incontrolados o no, por plantas de tratamiento y combustión controlada. Por lo que a esta combustión controlada se refiere, se han escrito ya ríos de tinta en torno a su supuesta peligrosidad, pero nunca se aportan pruebas de ello, sencillamente porque no existen. El gran fantasma agitado por los que se oponen a esta solución innegablemente eficaz es el constituido por las dioxinas y furanos residuales. Estos cuerpos químicos se producen al quemar a baja temperatura productos que contienen cloro: por ejemplo el papel o el plástico. Son acusados por los ecologistas de ser unos venenos peligrosísimos, provocadores de cáncer aún en concentraciones tan pequeñas que ningún aparato químico podría quizá detectarlas.

Esa afirmación es falsa. Todos los informes científicos, y especialmente los análisis exhaustivos realizados después del accidente de Seveso, donde hace ya veinte años fueron liberadas a la atmósfera enormes cantidades de dioxinas, han demostrado que éstas y los furanos no han matado todavía a ninguna persona. En cuanto al riesgo de cáncer, la tozuda realidad científica es olímpicamente ignorada por los profetas del catastrofismo a ultranza.

La legislación es severa -podríamos decir en exceso, si la comparamos simplemente con la que rige para los emisores de humo- con las chimeneas de combustión controlada de residuos. Y se exigen cantidades mínimas no solo de dioxinas, sino de muchos otros compuestos que son potencialmente tóxicos al limite de lo que la medida más sofisticada puede llegar a calibrar. Lo cual, en el fondo, no es malo. La población debe saber que no existen tan rigurosos límites para los humos de las chimeneas domésticas, de los tubos de escape de los coches o de esas minichimeneas que son los cigarrillos de los fumadores. Y así se da la paradoja de que un manifestante contra, por ejemplo, la incineradora de Valdemingómez, en Madrid, o de Zabalgarbi, en Vizcaya, podría estar quejándose de las ínfimas cantidades de productos tóxicos que puede emitir la chimenea, y en cambio fuma despreocupadamente un pitillo que le administra cantidades miles de veces superiores de esos mismos productos.

Quemar la basura es reducir su volumen y, solucionar de una vez el gravísimo problema de los vertederos incontrolados, e incluso de los controlados. Y permite reciclar las cenizas una vez inertizadas.

El problema estriba en quemarla bien, a elevadas temperaturas y cumpliendo la legislación, con todos los controles previos y a posteriori que haya que establecer. En los vertederos actuales la basura también se quema; por si misma -fermentada con recalentamiento de la materia orgánica y desprendimiento de metano inflamable-, o bien porque los responsables la hacen arder para ir reduciendo un poco su volumen. En ambos casos, se trata de la peor combustión posible por su baja temperatura; las cantidades de toda clase de productos peligrosos son millones de veces superiores a las que emitirían muchas chimeneas de combustión controlada juntas.

Lo asombroso es que esto no parece importar a los que tanto protestan por la incineración de los residuos en condiciones técnicas adecuadas. ¿Cuántos ecologistas habían protestado antes de ahora por la situación de un vertedero como el de La Coruña? ¿No era mucho más merecedora de manifestaciones multitudinarias semejante situación que, por ejemplo, los posibles humos de Valdemingómez o Zabalgarbi?

En suma, las basuras suponen un problema mayúsculo en todo el país. Tenemos dos vías de trabajo para reconducir la situación, complementarias ambas y urgentes: reducir la cuantía de residuos, o al menos frenar su imparable incremento, y, mientras se va consiguiendo ese objetivo -lo cual será lento y costoso-, sustituir urgentemente los vertederos por plantas de tratamiento integral de las basuras, incluida la combustión del sobrante final.

Solo así estaremos enfocando correctamente el problema.

    Manuel Toharia

 

Hay que combinar el reciclado de materiales
con la mejora de los hornos de residuos
SOLDurante la quema inadecuada de basuras, en vertederos por ejemplo, pueden formarse dioxinas colateralmente. Ello es debido ala presencia de materia orgánica y de sal común en los restos de comida, indistintamente a la existencia del PVC, y al hecho de que la combustión se efectúa a temperaturas relativamente bajas (las dioxinas se forman entre 250 y 450 grados).

Para obviar la formación de dioxinas en los procesos de combustión debe efectuarse la incineración de los residuos en instalaciones modernas, debidamente equipadas, cuyo proceso observe la regla de las tres T:
  1. Temperatura mínima de combustión alrededor de 850C.
  2. Tiempo de residencia mínimo de 2 segundos de los gases de combustión a esta temperatura.
  3. Turbulencia en exceso de oxigeno para asegurar la combustión completa.

Estas instalaciones disponen además de filtros y de sistemas de depuración de humos para evitar la contaminación atmosférica.

Tanto es así que las incineradoras modernas son reductoras, sumideros de dioxinas, puesto que destruyen más del 80% de las dioxinas que arrastra la carga de basura a incinerar. Como ejemplo cabe resaltar la incineradora de Valdemingómez, una instalación moderna que cumple las tres T.

No olvidemos tampoco que las dioxinas se forman espontáneamente en algunos fenómenos naturales; como la erupción de volcanes, incendios forestales y turbares.

 

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