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EL
CLORO
El cloro es el undécimo
elemento más abundante en la litosfera, es incluso más abundante que
el carbono. Junto con el sodio forma un compuesto esencial para la
vida: la sal (cloruro sódico). La primera célula viva se desarrolló
hace unos 3.000-4.000 millones de años en la fuente de toda materia
orgánica: el mar. La sal es vital para nuestro organismo (sin sal
no podemos vivir), por lo que ha sido desde la antigüedad una sustancia
muy apreciada.
|
Elemento Químico
|
| Símbolo |
Cl
|
|
Número Atómico
|
17
|
| Peso
Atómico |
35,4527
|
|
Valencia |
+1,+5,+7,-1 |
| Estructura
Electrónica |
2-8-7
|
|
Electronegatividad, Pauling |
3,16 |
| Aspecto
general |
Gas
verdoso-amarillo |
| Nombre
registrado |
Cloro
|
| Nombre
Químico |
Cloro
|
| Sinónimos
|
Cloro
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| Nombre
químico Alemán |
Chlor
|
| Nombre
químico Francés |
Chlore
|
|
Nombre químico Inglés |
Chlorine
|
ELEMENTOS
QUÍMICOS PRESENTES EN EL SER HUMANO
Los elementos químicos presentes
en el cuerpo humano son 26
|
ELEMENTO QUÍMICO
|
SÍMBOLO
|
%
PRESENTE |
COMENTARIOS
|
| Oxígeno
|
O
|
65%
|
Presente
en el agua y casi todas las moléculas orgánicas. Necesario
para la respiración. |
| Carbono |
C
|
18,5% |
Presente
en todas las moléculas orgánicas. |
| Hidrógeno |
H
|
9,5%
|
Presente
en el agua, nutrientes, casi todas las moléculas orgánicas;
contribuye a la acidez cuando está cargado positivamente. |
| Nitrógeno
|
N
|
3,2%
|
Presente
en las proteínas y ácidos nucleicos. |
| Calcio
|
Ca
|
1,5%
|
Constituyente
de los huesos y dientes; necesario para los procesos de contracción
muscular, coagulación sanguínea, movimientos intracelulares,
liberación de neurotransmisores, etc. |
|
Fósforo |
P
|
1,0%
|
Presente
en los ácidos nucleicos y el ATP la molécula rica en energía
clave del metabolismo celular, constituyente de huesos y dientes. |
| Potasio
|
K
|
0,4%
|
Catión
más abundante en el interior de las células; necesario para
la conducción nerviosa y la contracción muscular. |
| Azufre
|
S
|
0,3%
|
Forma
parte de muchas proteínas, especialmente las contráctiles. |
| Sodio
|
Na
|
0,2%
|
Catión
más abundante en el medio extracelular; necesario para la
conducción nerviosa y la contracción muscular. |
| Cloro
|
Cl
|
0,2%
|
Anión
más frecuente; necesario para mantener el balance de agua
en la sangre y fluido intersticial. |
| Magnesio
|
Mg
|
0,1%
|
Necesario
para que muchas enzimas funcionen correctamente. |
| Yodo
|
I
|
0,1%
|
Vital
para la producción de hormonas de la glándula tiroides. |
| Hierro
|
Fe
|
0,1%
|
Componente
esencial de la hemoglobina y de algunas enzimas necesarias
para la producción de ATP. |
Aluminio
Boro
Cromo
Cobalto
Cobre
Estaño
Flúor
Manganeso
Molibdeno
Selenio
Silicio
Vanadio
Zinc |
Al
B
Cr
Co
Cu
Sn
F
Mn
Mo
Se
Si
Va
Zn |
|
Estos
elementos se denominan oligoelementos por estar presentes
en concentraciones mínimas. |
EL CLORO: ESENCIAL PARA
LA VIDA Y BIENESTAR
El cloro interviene, directamente o
como intermediario, en más del 50% de la producción química industrial
mundial y es parte integrante de la vida misma de la industria (aeroespacial,
mecánica, telecomunicaciones, transportes, informática, química, petroquímica,
farmacia, cosmética, construcción, nuclear, tratamiento de aguas,
metalurgia, confección, deportes, etc).
La química del cloro crea bienestar y calidad de vida. En nuestras
actividades cotidianas utilizamos constantemente productos químicos,
cuya fabricación depende directa o indirectamente del cloro, por ejemplo,
para lavarnos, vestirnos, alimentarnos, desplazarnos, trabajar, distraernos,
hacer deporte, proteger nuestra salud.
Es evidente que el buen uso del cloro y sus derivados, como
cualquier otro producto, proporcionan muchas más ventajas que inconvenientes.
A principios del siglo XVI, Paracelsus (1493-1541) afirmaba: "Todas
las sustancias son venenosas, no existe ninguna que no lo sea. La
debida dosis determina un veneno y un remedio", que trasladada
a nuestros días podemos interpretarla como: "los productos
no son buenos ni malos, depende de cómo se utilizan".
Existe cierta tendencia a extrapolar alguna de las propiedades
particulares (toxicidad, persistencia, bioacumulación) de un reducido
número de compuestos como los PCBs (policlorobifenilos), dioxinas
y DDT a la totalidad de compuestos organoclorados de los cuales se
conocen más de 12.000. Es aceptado por la comunidad científica que
el comportamiento de cualquier compuesto, clorado o no, depende de
su estructura individual, concentración y estado.
Puede decirse que el cloro es la espina dorsal de la química.
Sin el cloro muchos aspectos de la vida moderna que consideramos normales
no serían posibles.

¿QUÉ ES EL CLORO?
En condiciones normales de temperatura
y presión el cloro es un gas de color amarillo verdoso de olor penetrante.
Es extremadamente reactivo, por lo que en la naturaleza no
lo encontramos en estado puro sino combinado, formando mayoritariamente
sales metálicas, de las cuales la más abundante es el cloruro sódico.
El 0, 045 % de la corteza terrestre está compuesta por combinaciones
de cloro, que representa el 2,9 % de los océanos.
Precisamente, dicha reactividad, juntamente con sus características
particulares (elevado poder oxidante, abundante, económico), lo convierten
en una sustancia de un interés técnico y económico extraordinario,
que en numerosos casos es insustituible o bien de muy difícil sustitución.
No olvidemos que todo proceso alternativo debería cumplir las condiciones
siguientes:
- técnicamente realizable
- viable económicamente
- menor impacto medioambiental
Ello no es posible en muchos casos.
CÓMO SE FABRICA
Se obtiene en el proceso de electrólisis
de la sal. Juntamente con el cloro se obtiene también sosa cáustica
(NaOH), e hidrógeno. La sosa cáustica es un álcali extremadamente
importante para la industria química, que se utiliza para la producción
de papel, aluminio, fibras textiles (rayón, fibrana), jabones y detergentes,
procesamiento de alimentos, tratamiento de aguas, etc. El hidrógeno
se utiliza en la hidrogenación de grasas, fabricación de vidrio plano,
suavizantes, etc, o como combustible. Por cada 1,7 t de cloruro sódico
se obtiene 1 t de cloro, 1,13 t de sosa cáustica y 315 m3
de hidrógeno.
Existen tres métodos de producción a partir de una disolución de sal
en agua (salmuera):
1) Instalaciones con células de mercurio
Estas células se fundamentan en la propiedad del sodio de formar con
el mercurio (cátodo) una amalgama líquida, que se descompone con el
agua en NaOH (disolución al 50%), H2 y Hg. El cloro se
desprende en el ánodo.
Desde el punto de vista ecológico, las electrólisis con cátodos de
mercurio han estado acusadas de contribuir a la contaminación atmosférica
y acuífera. Actualmente la técnica moderna ha puesto a punto ánodos
dimensionalmente estables construidos de titanio, recubiertos de metales
nobles, que proporcionan una economía en el consumo energético y permiten
obtener un cloro más puro, sin contaminación de CO2 y otras
materias orgánicas cloradas. Los efluentes (líquidos y gaseosos) son
desmercurizados. Es muy importante mantener las emisiones de mercurio
lo más bajas posibles, pues es un material tóxico a bajas concentraciones.
2) Instalaciones con células de diafragma
En este tipo de célula, los compartimentos anódico y catódico
están separados por una lámina porosa, denominada diafragma. El cloro
se desprende en el ánodo, mientras que el hidrógeno y la solución
alcalina de NaOH (10 al 12 %) se generan en el cátodo. Aunque dichas
células consumen menos energía que las de mercurio, para obtener una
solución de hidróxido sódico comercial (al 50 %) es necesario
evaporar el agua y precipitar la sal residual, proceso muy costoso.
Además, tienen el inconveniente ecológico-sanitario de utilizar amianto
para la construcción de los diafragmas y de que la sosa cáustica obtenida
no alcanza el grado de pureza necesaria para determinadas aplicaciones.
3) Instalaciones con célula de membrana
La membrana está fabricada a base de polímeros perfluorosulfónicos
y es permeable sólo a los cationes (Na+, H+),
impidiendo el paso a los aniones (Cl-, OH-).
Se pueden obtener disoluciones de hidróxido sódico de concentración
superior al 30 %. Dichas disoluciones son de elevada pureza y requiere
un consumo de energía para evaporar el agua al objeto de alcanzar
la concentración de 50 % en NaOH (calidad comercial).
Las células de membrana tienen la ventaja sobre las de mercurio y
diafragma de que no utiliza ningún material contaminante para la separación
de los productos electrolíticos, siendo su consumo energético similar
al de las de diafragma. Sin embargo, el coste que supondría el reemplazamiento
de las células existentes de mercurio por las de membrana, no justificaría
el cambio de tecnología, habida cuenta que los enormes progresos conseguidos
en las de mercurio, hacen que las ventajas medioambientales de dicho
cambio sean mínimos.
IMPORTANCIA SOCIO-ECONÓMICA DEL CLORO
La química del cloro es uno de los pilares
del desarrollo económico e industrial del siglo XX. El desarrollo
del consumo de cloro en un país está directamente relacionado con
la evolución de la progresión de su Producto Nacional Bruto (PNB).
Cada año, en el mundo, se producen unas 40 millones de toneladas de
cloro, utilizadas y transformadas en productos útiles para nuestra
vida cotidiana. En Europa occidental , la producción anual se eleva
a más de 9 millones de toneladas.
La actividad "cloro" proporciona empleo a varios millones
de personas en el mundo y cerca de dos millones únicamente en Europa
Occidental. La cifra de negocios de la industria de Europa Occidental,
imputable al cloro, se estima en unos 24 billones de pesetas.
La producción de cloro en España fue de 560.000 t en el año 1994.
La cifra de negocios imputable al cloro, directa o indirectamente,
en España puede estimarse en una cantidad superior a los 4 billones
de pesetas. Se estima que más de 186.000 personas dependen directa
o indirectamente de la industria química del cloro en España.
La utilización del cloro en Europa en el año 1994 fue la siguiente:
- polímeros clorados (Policloruro de vinilo, policloropreno,
policloruro de vinilideno...) 44 %
- polímeros sin cloro (Poliuretano, policarbonato, siliconas,
resinas epoxi, fibras de carbono, politetrafluoroetileno, polisulfuro
de fenileno...) 12 %
- otros productos clorados (farmacia, colorantes, plaguicidas,
disolventes...) 20 %
- intermedios (medicamentos, fitosanitarios, química fina,
...) 20 %
- cloro elemental (tratamiento agua potable, química del bromo,
metalurgia...) 4 %
El cloro hace posible el "desarrollo sostenible"
solicitado en la Cumbre de la Tierra de 1992. Gracias a su reactividad
pueden utilizarse los recursos naturales de forma más efectiva, ahorrando
energía, ya que al reaccionar a temperatura ambiente, generalmente
no precisa de aporte energético suplementario. También los paneles
aislantes de poliuretano contribuyen al ahorro de energía en edificios
y viviendas. Este material ha hecho posible, junto con los agentes
refrigerantes, la difusión de la refrigeración, contribuyendo a una
distribución más racional de los productos alimenticios.
Por otra parte, los productos fitosanitarios han aumentado de forma
espectacular la producción de las cosechas, contribuyendo a reducir
el hambre en los países del tercer mundo. En muchos de dichos países,
el uso de determinados insecticidas (DDT), desinfectantes (cloro,
lejía) y medicamentos ha logrado dominar, e incluso erradicar, algunas
enfermedades endémicas (cólera, malaria, tifus).
Hoy no sería posible utilizar la energía solar sin
el cloro. Las células solares están compuestas de sílice ultrapuro
(99,9999 %), cuya obtención precisa cloruro de hidrógeno. También
se precisa sílice ultrapuro en la fabricación de "microchips"
para las computadoras.
EL CLORO EN LA NATURALEZA
El cloro ha sido "inventado" por
la naturaleza mucho antes que la aparición del hombre sobre la Tierra.
Es el decimoséptimo elemento químico aparecido en el universo, antes
que el hierro, cobre y zinc, por ejemplo, hace centenas de millones
de años. Cuanto más se profundiza en el microcosmos con los modernos
sistemas analíticos, más se confirma que la naturaleza ha desarrollado
procesos químicos con cloro mejor que lo hacemos los humanos.
Los océanos constituyen la mayor reserva de cloro natural. La fotolisis
de cloruros de la sal marina en la atmósfera produce de 2 a 50 kg
de ácido clorhídrico por hectárea. Se estima que las erupciones volcánicas
emiten a la atmósfera de 0,5 a 11 millones de toneladas de cloro al
año, principalmente en forma de ácido clorhídrico.
Los compuestos organohalogenados más simples abundan en nuestro planeta.
Así, por ejemplo, algas marinas, bacterias, hongos de la putrefacción,
setas, cedros, cipreses, fitoplancton e incluso las patatas producen
clorometano.
La presencia del ion cloruro en las plantas, madera, suelo y minerales
hace que su combustión produzca inevitablemente compuestos organoclorados
(incluyendo dioxinas y furanos). Por consiguiente los incendios forestales,
la quema de matorrales y vegetación , así como los volcanes (por ej.:
Sta. Helena y Kilauea) producen cantidades significativas y, en algunos
casos, masivas de clorometano. Las biomasas marina y terrestre emiten,
en total, unas 5 millones de toneladas anuales de dicho compuesto,
sobrepasando las emisiones debidas a la actividad humana, que son
solamente del orden de 30.000 t/año.
Se ha demostrado que se generan dioxinas y furanos en procesos tan
corrientes como: hogares domésticos, motores de gasolina, humo de
tabaco, incendios, fuegos naturales, producción de "compost"
vegetal en la naturaleza, etc. Los resultados obtenidos por diversos
investigadores (T.J. Nestrick, L.L. Lamparski, A. Sheffield) muestran
que los incendios forestales y de maleza son una de las fuentes importantes
de dioxinas y furanos en el medio ambiente. Científicos japoneses
han detectado dichas sustancias en muestras de suelo de hace unos
8.000 años. También se han detectado estos compuestos en capas de
sedimentos de lagos finlandeses, formadas durante la Edad Media.
El cloro, como componente de la sal, se encuentra presente en la sangre
y tejidos de los mamíferos. Los leucocitos de nuestro sistema inmunológico
usan cloro para destruir a los microorganismos invasores, mediante
un mecanismo enzimático (mieloperoxidasa) en el que tiene lugar la
liberación de hipoclorito, conocido desinfectante. También forma parte
de la molécula del ácido clorhídrico, el cual tiene un papel vital
en el proceso digestivo de los mismos (destruye los gérmenes de la
comida y asegura que la pepsina rompa las proteínas).
Tal como indica G.W. Gribble, del Departamento de Química de Dartmouth
College (Hanover), se conocen ya más de 2.600 compuestos organohalogenados
producidos por la naturaleza, de los que más de 1 000 son organoclorados
(22) . Muchos de estos productos son idénticos
a los generados por el hombre: clorofenoles, cloroalcanos, PCB's,
CFC's y dioxinas. Pero otros muchos poseen extraordinarias propiedades
biológicas similares, por ejemplo, a la penicilina (cloramfenicol,
clorotetraciclina, clazamicina, pirrolomicina, etc), morfina (epibatidina,
200 veces más activa, producida por la rana Epipedobates tricolor
del Ecuador), o a la nueva droga "taxol" contra el cancer
(prostaglandinas, spongistatina, etc).
Los compuestos organoclorados son producidos por organismos marinos
(esponjas, corales, babosas marinas, tunicados, medusas, etc), algas
marinas, plantas, semillas, árboles, hongos, líquenes, algas, bacterias,
microbios, e insectos. Los océanos constituyen la mayor fuente
de compuestos organoclorados; éstos juegan un papel esencial en
la supervivencia de los organismos vivos, cuya capacidad para sintetizar
dichas sustancias ha evolucionado con el tiempo bajo la presión de
la selección natural. Así, por ejemplo, ciertas algas marinas producen
telfairina, pesticida muy activo contra los mosquitos, y el hongo
Penicillium griseofulvum produce el fungicida griseofulvina para defenderse
de los hongos enemigos.
Los organoclorados son unos compuestos que, al ser producidos por
la propia naturaleza, juegan un papel importante en el equilibrio
de la misma.
EL CLORO Y LA SALUD
Según la Organización Mundial de la Salud
(OMS), el 80 % de las enfermedades infecciosas se transmiten mediante
el agua. Según dicho organismo más de 3 millones de niños, de menos
de 5 años, mueren cada año por causa de enteritis imputables a la
no desinfección del agua.
La cloración del agua es el único sistema que garantiza que ésta
llegue a nuestros hogares con las debidas condiciones sanitarias.
En 1991 la supresión del uso del cloro en la potabilización del agua
provocó una epidemia de cólera en Perú que produjo más de 3.000 muertes
(más de 19.000 personas murieron por dicha causa en todo el mundo).
No existen evidencias concluyentes para admitir que la cloración del
agua deje en su seno cantidades de compuestos potencialmente dañinos
para la salud como son los trihalometanos. En 1990, la Agencia Internacional
para la Investigación del Cáncer evaluó todos los estudios sobre riesgos
potenciales para la salud del agua potable tratada con cloro, concluyendo
que no puede ser considerado como carcinogenético en los seres humanos.
En opinión del Dr. H. Galal-Gorchev (OMS): "Los riesgos asociados
a los subproductos de la cloración del agua potable son extremadamente
bajos comparados con el riesgo asociado a una insuficiente desinfección".
El cloro es una materia prima básica para la fabricación de numerosos
medicamentos (el 85% de los mismos dependen directa o indirectamente
del cloro). Así, por ejemplo, el cloro forma parte de la molécula
de antibióticos (cloromicetina, clorotetraciclina, vancomicina, aureomicina,
cloramfenicol, etc), depresores sanguíneos (clonidina), antimaláricos
(cloroquina, pirimetamina), antimicóticos (clotrimazol), diuréticos,
sedantes, preparados a base de alcaloides que contienen cloro en su
fórmula, y su utilización en forma de clorhidratos, para hacer asimilables
al organismo los principios activos. El cloro interviene de forma
indirecta en la fabricación de numerosos productos, como por ejemplo
aceites y grasas de silicona utilizadas en pomadas antialérgicas,
antibióticos como la ciprofloxacina (tifus) y sulfonamidas, penicilinas
semisintéticas, síntesis de ciertas vitaminas (A, E, B6,
B12), etc.
Cerca de 200 medicamentos importantes mencionados en la "lista
roja" de Alemania, contienen cloro: la tercera parte de los medicamentos
antialérgicos y arritmia cardíaca, la mitad de los psicofármacos,
dos tercios de los antihipertensivos, 32 de los 39 contra los vómitos
y el 90% de los diuréticos.
El cloro y sus derivados tienen una importante aplicación en el
área de la desinfección. El uso del hipoclorito (lejía doméstica)
garantiza una total protección contra virus tales como el del Sida;
se utiliza habitualmente en la desinfección de material quirúrgico
e instalaciones sanitarias y hospitalarias.
Las epidemias surgidas en Ruanda como consecuencia de la guerra civil
han sido controladas gracias al cloro y derivados. La epidemia de
peste neumónica aparecida en la India en 1994 ha sido controlada mediante
el antibiótico tetraciclina, en cuya obtención interviene el cloro.
El cloro es igualmente una materia básica para la producción de
ciertos polímeros utilizados en aplicaciones médicas. Así, por
ejemplo, el policloruro de vinilo (PVC) se utiliza en la fabricación
de tubos y bolsas para suero, plasma y sangre para transfusiones.
Estudios realizados demuestran que el uso de este material en contacto
con la sangre humana y el plasma, permite prolongar en un 30 % la
vida útil de estas sustancias biológicas (aspecto muy importante para
los bancos de sangre, unidades de cuidados intensivos y de urgencias
en los hospitales).
La utilización de embalajes de PVC y resinas barrera de cloruro de
polivinilideno aseguran la conservación de numerosos productos farmacéuticos
así como su impermeabilidad ante los gérmenes, gases, olores y vapor
de agua.
El cloro interviene también en la síntesis de resinas utilizadas en
la producción de lentillas blandas, cristales correctores, prótesis
artificiales, estimuladores cardíacos, material para análisis, etc.
Más del 15 % de la producción del cloro se utiliza
directa o indirectamente para proteger nuestra salud.
EL CLORO Y LA ALIMENTACIÓN
La agricultura proporciona el 97 % de nuestros
alimentos y la abundancia de los mismos depende de nuestra capacidad
para garantizar el éxito de las cosechas. Hoy día, más de una tercera
parte de las mismas es destruida por las enfermedades y depredadores,
mientras la mitad de la población de nuestro planeta sufre malnutrición.
Se calcula que el 10 % de las cosechas de cereales es víctima de las
malas hierbas, entre el 5 % y el 15%, de enfermedades y casi el 30
% es destruido por los insectos. Una nube de langostas, por ejemplo,
es capaz de devorar en un sólo día hasta 100 000 toneladas de vegetales.
El cloro es la base de numerosos productos fitosanitarios que permiten
evitar la destrucción de las cosechas por las enfermedades criptogámicas,
roedores y la invasión de malas hierbas. Es uno de los constituyentes
de la nueva generación de protectores de cosechas que tienen la ventajas
de ser selectivos, más fácilmente degradables y se utilizan en menores
dosis. El 50 % de los productos fitosanitarios registrados contienen
cloro (el 96 % en U.S.A.).
Gracias al cloro se pueden desinfectar los suelos utilizando fumigantes
y nematocidas, luchar contra las enfermedades criptogámicas mediante
fungicidas, proteger el crecimiento de las plantas mediante herbicidas
selectivos y eliminar ciertos depredadores utilizando insecticidas.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación
y la Agricultura (FAO), el 50 % de los recursos alimentarios y agrícolas
producidos cada año en el mundo es destruido, después de la cosecha,
por agentes externos como los insectos, mohos y la acción de la intemperie.
En los países industrializados este destrozo sólo afecta al 2 % de
los recursos, gracias a la utilización de embalajes adecuados y al
empleo masivo de la conservación en frío (HCFC) en la cadena de distribución.
El cloro es utilizado en la obtención de materiales como el PVC
y el policloruro de vinilideno que se utilizan como envases y filmes
protectores, con unas excepcionales propiedades barrera (impiden
el contacto con el oxígeno del aire evitando posibles fermentaciones
y desarrollos bacterianos a la vez que permiten la evacuación del
vapor de agua condensado evitando la formación de mohos). Además,
el cloro se utiliza en la fabricación de espumas de poliuretano
y agentes refrigerantes, ambos garantizan el almacenamiento y la conservación
de los productos frescos y congelados.
EL CLORO Y EL MEDIO AMBIENTE
La industria del cloro, igual que otras actividades,
comporta ciertos riesgos. Por consiguiente ha tomado las medidas necesarias
para reducir cualquier agresión al medio ambiente. La adhesión al
"Compromiso de Progreso" (Responsible Care) de los principales
productores de cloro Europeos, así como la proliferación de informes
medioambientales es la mejor muestra de ello.
La industria del cloro está sometida a estrictas reglamentaciones
y rigurosos controles de sus emisiones con objeto de garantizar
actividades compatibles con la conservación del medio ambiente. La
aplicación de estas disposiciones reglamentarias se verifica permanentemente.
En muchos casos, los objetivos medioambientales que emanan de la aplicación
de las políticas medioambientales de las empresas productoras de cloro,
son mucho más estrictos que los límites que exige la propia administración.
Actualmente, el impacto sobre el medio ambiente de las unidades
de producción de cloro es mínimo, cualquiera que sea el procedimiento
de fabricación utilizado (células de mercurio, diafragma o membrana).
En lo que respecta a las células de mercurio, la industria ha
reducido en el curso de los últimos 15 años en más del 85 % la presencia
de dicho elemento en sus efluentes. En Europa Occidental, en 1992,
se estimaba que las unidades de cloro sólo contribuían en un pequeño
porcentaje (< 1 %) del aporte total de mercurio al medio ambiente,
resultante de fuentes naturales (los volcanes, lavado de rocas por
los ríos, etc, producen entre 55.000 y 180.000 t/año de Hg) o de actividades
humanas (la combustión del carbón, incineración de residuos, actividades
mineras, etc, producen unas 20.000 t/año de Hg) (12) .
En 1993, los productores europeos de cloro emitieron menos de 19 t
de Hg (< 0,1 % de las emisiones industriales).
Los subproductos generados son recuperados como materia prima
en otros procesos, y los residuos finales, minimizados mediante el
uso de nuevas tecnologías, son adecuadamente gestionados.
La correcta utilización del cloro y de sus derivados, no sólo
no es perjudicial para el medio ambiente, sino que existen productos
elaborados con cloro que están destinados a su mejora y conservación,
tal es el caso del cloruro férrico, utilizado en el tratamiento de
depuración de aguas.
El blanqueo de la pasta de papel así como tratamientos blanqueadores
y desengrasantes en la industria textil mediante la utilización de
cloro elemental o derivados clorados, exigen un correcto control para
limitar las emisiones de compuestos organohalogenados. Ello es técnicamente
posible, y los resultados obtenidos mediante procesos mixtos, en los
que se combina el uso de derivados clorados con otros agentes blanqueantes
(por ejemplo el agua oxigenada), ofrecen las mejores prestaciones
en calidad, precio y preservación del medio ambiente.
La fabricación de PVC se ha convertido en la aplicación más
importante del cloro. El PVC es el plástico de mayor consumo en España
y el segundo en el mundo. Presenta un análisis del ciclo de vida
(ACV) muy favorable respecto a otros materiales, es reciclable,
inocuo e inerte. Su dependencia del petróleo (recurso escaso) es la
menor de todos los plásticos comerciales, pues éstos dependen en un
100 % del mismo y la molécula del PVC depende sólo en un 43 %, el
resto procede de la sal común (recurso inagotable). Las formulaciones
de PVC utilizadas en la fabricación de envases y embalajes alimentarios,
así como de material sanitario, contienen aditivos regulados y aceptados
por las autoridades sanitarias de todo el mundo.
Las emisiones de las plantas de PVC han disminuido de forma
progresiva y las cantidades subsistentes no son tema de inquietud
desde el punto de vista de la protección del hombre y del medio ambiente(31,32).
Actualmente están en curso de realización proyectos de modernización
de las instalaciones de producción de PVC que tienen como objetivo
la total supresión de cualquier emisión orgánica a la atmósfera, mediante
sistemas de recuperación, con el consiguiente aprovechamiento energético
y material. Con este fin, los productores europeos firmaron un acuerdo
voluntario (Marzo de 1995) por el que se comprometieron a reducir,
aún más, dichas emisiones.
Es importante señalar que el 50 % de los compuestos organohalogenados
presentes en el Rin son de origen natural. La contaminación por
dioxinas en el Rin, atribuida por ciertas organizaciones ecologistas
a la fabricación del cloruro de vinilo monómero (VCM) necesario para
la obtención del PVC, está actualmente a unos niveles comparables
a los de los años 40, es decir, antes del desarrollo industrial del
PVC.
Respecto a otros productos organoclorados, se están desarrollando,
conjuntamente con las autoridades medioambientales y de industria,
especificaciones técnicas que regulen las clases, tipos y aplicaciones
posibles para diversos productos recuperados, por ejemplo disolventes
procedentes de las tintorerías.
EL CLORO Y LA SEGURIDAD
El concepto de riesgo cero no existe, pues
la propia condición de seres vivos implica estar sometidos a una determinada
incertidumbre. Lo que si podemos afirmar es que la industria química
en general y la de producción de cloro en particular ha dispuesto
en sus instalaciones y procesos, modernos sistemas de control y protección
que hacen que el riesgo asociado a estas actividades sea perfectamente
compatible con el concepto que socialmente se tiene sobre seguridad.
El transporte de cloro se ha minimizado, al ser mayoritariamente utilizado
en industrias integradas que lo transforman "in situ". Es
por ello que tan sólo se transporta el 20 % del total producido y
a través de medios específicos y profesionales especializados. No
ha habido ningún accidente mortal debido al transporte de cloro en
Europa Occidental en los últimos 45 años.
El transporte de cloruro de vinilo, producto utilizado en la
fabricación de PVC, se realiza en Europa únicamente por ferrocarril
y barco. Durante los últimos 20 años no se ha registrado ningún
accidente mortal. El transporte de este producto presenta menos
riesgos que el de otros gases licuados (butano, propano) o de líquidos,
inflamables o explosivos.
El dicloroetano, producto intermedio de la fabricación de PVC,
es un líquido a temperatura ambiente. Su transporte por ferrocarril
es menos peligroso que el de la gasolina. Su riesgo de incendio
y explosión es netamente menor, siendo su temperatura de inflamación
de 40º C, a comparar con la de la gasolina que es inferior a 0º C.
El PVC necesita, para quemar, una temperatura superior en 150º
C a la de la madera utilizada ampliamente en la construcción. El
PVC es uno de los materiales menos inflamables utilizados en dicho
campo, contribuyendo a la seguridad de los edificios (16).
En caso de incendio la madera produce cantidades de dioxinas y furanos
comparables a las del PVC (17). El ácido clorhídrico
emitido en los incendios que implican al PVC, es irritante pero no
es más peligroso que el monóxido de carbono que se desprende en todo
incendio. Es más, su olor irritante puede jugar un papel de alarma,
mientras que el monóxido de carbono, principal causa de muertes por
asfixia, es inodoro.
CONCLUSION
El cloro, como otros elementos, tiene ciertos
riesgos que la industria asume y actúa consecuentemente, reduciéndolos
al mínimo. Pero también proporciona beneficios. El balance riesgos/beneficios
de la industria del cloro es claramente positivo:
- Protege nuestra salud
- Protege los alimentos
- Proporciona bienestar y calidad de vida
- El impacto sobre el medio ambiente es mínimo
- Es una de las industrias que más se preocupa en seguridad
- Es necesario e insustituible en muchos casos
- Genera riqueza y empleo
La química del cloro es uno de los pilares para el "desarrollo
sostenible" y, por lo tanto, es útil y beneficiosa para la humanidad.
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alemán, (Junio 1993).
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Que es la Legionella
En 1977, durante la celebración
de una convención de la Legión Americana en un hotel
de Filadelfia, se produjo un brote de una enfermedad infecciosa
que afectó a más de 182 personas, de las cuales
fallecieron 34. Tras un exhaustivo estudio científico,
se logró detectar la bacteria que había provocado
dichas muertes, la "legionella", llamada así
por los militares a los que afecto. El germen había logrado
expandirse por el hotel por medio del aire acondicionado.
La legionella es una bacteria con unas 40 variedades, que pueden
encontrarse en ambientes acuáticos naturales como los ríos,
los lagos o las aguas termales, casi siempre en pequeñas
concentraciones. Sin embargo, cuando el germen aumenta de manera
desproporcionada, puede ser dañino para el hombre. Dicho
aumento se produce, en la mayoría de los casos a través
de los sistemas hídricos construidos por el ser humano,
como las torres de refrigeración y los sistemas de distribución
de agua potable y sanitaria, ya que en estos ambientes alcanza
las condiciones idóneas para su multiplicación (de
25º a 45º de temperatura.
La legionella, cuya vía de transmisión es aérea,
puede manifestarse de dos formas: como una especie de neumonía
conocida como "enfermedad del legionario" o como un
cuadro de tipo gripal de carácter leve denominado "fiebre
poética".

La lejía nuestra
de cada día
El hipoclorito, más conocido por
lejía, es uno de los grandes descubrimientos de la época
moderna. Se obtuvo por primera vez en Javel, barrio periférico
de Paris, por el químico frances Bertholet, que en 1785
experimentó la fórmula descubriendo su utilización
y las posibles aplicaciones desinfectantes.
A finales del siglo XIX, momento en qué Louis Pasteur descubre
que los microorganismos són los causantes de las enfermedades,
la lejía tuvo el momento de máximo reconocimiento,
gracias a sus propiedades como activo agente antiséptico.
Se entiende por lejía la solución de hipoclorito
con un contenido de cloro activo no inferior a 35 g/l ni superior
a 100 g/l.
Este producto constituye un poderoso desinfectante, apto para
el tratamiento de aguas potables y en las lineas de envasado de
la industria agroalimentaria. Se usa para desinfección
de todo tipo de elementos, suelos, baños, cocinas, cerámicas,
sanitarios. Puede ser usado para la potabilización del
agua de consumo y para la desinfección de verduras y hortalizas.
Su módico precio y su enérgica eficacia frente a
las algas y bacterias hace que sea el producto más adecuado
para el tratamiento algicida y bactericida del agua de las piscinas.
También es usado en altas concentraciones en sistemas hídricos
contaminados por "La Legionella" (torres de refrigeración,
los sistemas de distribución de agua en lugares públicos,
etc.) para neutralizar su avance y desarrollo.
Uso y dosificación:
| Uso |
Diluido en agua |
| Desinfección de superficies |
1 vaso por cubo de agua |
| Potabilización de agua |
2 gotas por litro de agua |
| Desinfecciónde verdura |
1 gota por litro de agua |
Garantías y Regulación:
La reglamentación Técnico-sanitaria de Fabricación
y Comercialización de Lejías define las caracteristícas
de estos productos, las condiciones que han de reunir las instalaciones,
el material y el personal de los centros de producción,
el envase, el etiquetado y la rotulación.
Los envases han de tener un cierre de seguridad para los niños.
No se autorizan los envases ni las etiquetas con diseños
que puedan atraer o suscitar la curiosidad infantil. Todos los
envases i etiquetas han de estar homologados y registrados por
el Ministerio de Industria.
Clases de lejías que se comercializan:
Teniendo en cuenta las clases de lejías que se comercializan
, podemos establecer una clasificación según la
forma de presentación y el color.
Segmento amarillo: Es la lejía por excelencia, adecuada
para diversas aplicaciones de desinfección e higiene doméstica.
Segmento amarillo (con registro sanitario): Sólo cuando
se haga constar en la etiqueta el número de registro sanitario
el producto podrá ser también utilizado para la
desinfección del agua para beber.
Segmento blanco: Este segmento comprende las lejías con
una fórmula especialmente adecuada para el tratamiento
de ropa, ya que combinan una gran eficacia blanqueadora y desinfectante.
Se comercializan otros productos que contienen detergentes y lejía,
destinados igualmente a la limpieza doméstica.
EJEMPLOS PARA LIMPIEZA DOMESTICA
| ELEMENTOS |
DOSIS |
METODO |
| Pavimentos de plástico
y Muebles Plastificados |
1 vaso de lejía
por litro de agua |
Fregar la superficie
con el producto diluido. Esperar 10 minutos. Enjuagar la superficie
con agua corriente y secarla. |
| Paredes empapeladas
con papeles lavables |
½ vaso de lejía
por 10 litros de agua |
Mojar un trapo o una
esponja con el producto diluido fregando las manchas. Esperar
5 minutos. Enjuagar la pared con agua corriente y secarla.
(Comprobar antes la solidez de los colores) |
| Ramos de flores (Alargar
la vida). |
3 ó 4 gotas de
lejia por litro de agua. |
Añadir la dosis
correspondiente al agua del jarrón removiendo la solución.
Colocar las flores. |
| Paredes de Yeso (Eliminación
de manchas de humedad). |
Aplicar la lejía
directamente. |
Humedecer un cepillo
de dientes viejo con el producto, fregando la superficie afectada.
Esperar de 10 a 15 minutos. Limpiar la superficie y enjuagarla
con un trapo húmedo. |
| Limpieza y desinfección
de tiestos y macetones. |
Aplicar la lejía
directamente. |
Aplicar el producto
con una esponja o cepillo humedos. Fregar enérgicamente
el interior del tiesto o macetón. Esperar 10 minutos.
Enjuagarlo con abundante agua corriente. |
| Lavabos y bañeras. |
Aplicar la lejía
directamente. |
Aplicar el producto
con una esponja húmeda. Fregar enérgicamente
las superficies del baño. Esperar 5 minutos. Enjuagarlo
con agua corriente. |
| Desinfección
y blanqueo de dentaduras postizas. |
½ vaso de lejía
por litro de agua. |
Poner la dentadura en
remojo durante 15 ó 30 minutos. Enjuagar con abundante
agua corriente. |
CONSEJOS PRÁCTICOS
Debe guardarse la lejía fuera del alcalce de los niños,
al igual que ocurre con los medicamentos u otros productos como
medida de máxima seguridad.
No guardar nunca la lejía en envases de productos comestibles.
No lo guardeis nunca bajo el fregadero o cerca de los alimentos.
No lo mezcleis nunca con productos derivados del amoniaco o ácidos
(salfumán ...).
Para que la lejía conserve toda su eficacia, debe guardarse
en recipientes protegidos de la luz del sol y del calor.
Comprar solamente productos correctamente etiquetados. En las
etiquetas encontrareis las instrucciones para su adecuada utilización.

Aumenta la seguridad en
el trabajo y en el medio ambiente
REUNIDOS EN SABIÑÁNIGO LOS MUNICIPIOS CON FABRICAS
DE CLORO
El 29 de Octubre de 1999, en el marco de unas jornadas organizadas
por el Ayuntamiento de Sabiñánigo, fue presentado el
acuerdo voluntario entre los Fabricantes de Cloro, el Ministerio de
Medio Ambiente y las Consejerias de Medio Ambiente de cinco Comunidades
Autónomas (Andalucía, Aragón, Cantabria, Cataluña
y País Vasco) donde se hallan ubicadas estas instalaciones
fabriles.
El acuerdo establece el cumplimiento por las empresas de la normativa
medioambiental más allá de lo que exige la legislación
vigente. Para ello los fabricantes se autoimpondrán límites
de emisiones y vertidos más estrictos que los que actualmente
recoge tanto la Unión Europea como el Convenio Oslo-París.
El cumplimiento de los compromisos adquiridos será verificado
mediante un auditor externo a las empresas.
Estos compromisos representan un gran avance medioambiental, pues
se refieren al conjunto de las emisiones al aire y al agua, lo que
supone mantener un gran rigor en los métodos de trabajo, como
por ejemplo la implantación de procesos de desmercurización
de las distintas corrientes tanto de salida de efluentes como de producto
(sosa cáustica e hidrógeno).
En la actualidad, los efluentes derivados del uso de la tecnología
de mercurio, el procedimiento más utilizado en nuestro país,
contienen ¾ partes menos de mercurio que hace 4 años
(teniendo como punto de partida un nivel de emisiones ya muy bajo).
Estas emisiones representan en España menos de 1% de las emisiones
totales provenientes de la actividad humana y sus niveles no presentan
riesgos para la salud de los trabajadores y habitantes próximos
a los centros de producción, ni para el medio ambiente.
LA DESINFECCIÓN
En el ambiente, ya sea en el aire,
en el agua o en la tierra, coexisten abundantes microorganismos, básicamente
bacterias, hongos, virus y levaduras. La mayoría de ellos son
inocuos, pero algunos pueden llegar a ser patógenos para los
humanos: cuando entran en nuestro organismo provocan importantes alteraciones
del metabolismo, ya sea por sí mismos o por las toxinas que
generan. Es en estas circunstancias que hablamos de enfermedades infecciosas
o infecciones, y para evitar la transmisión de las mismas utilizamos
métodos de desinfección. El cloro y algunos de sus derivados
son algunos de los agentes desinfectantes más efectivos y con
más garantías de los que se han utilizado hasta ahora.
La desinfección de un medio o de una superficie no es otra
cosa que la destrucción de los microorganismos presentes mediante
procedimientos físicos o químicos. Obviamente, cuando
la queremos obtener, el sistema elegido será tanto más
efectivo cuanto menor sea la contaminación inicial, para lo
cual uno de los pasos previos fundamentales es conseguir que el sustrato
a desinfectar esté en las mejores condiciones de higiene posibles.
Una vez obtenida la higiene de este medio o superficie, el uso de
desinfectantes basados en el cloro es el método más
práctico, económico y efectivo, por lo que son los más
comúnmente utilizados para la desinfección.
En el día a día, la desinfección está
presente en infinidad de lugares por los que pasamos fuugazmente,
o donde permanecemos durante largos espacios de tiempo. No nos damos
cuenta, pero antes y después de que nosotros toquemos muchas
superficies, algún servicio de limpieza ha procedido a lavarla
y desinfectarla. La mayoría de los espacios en el interior
de los edificios públicos, sobretodo en los hospitales, escuelas,
guarderías, lavabos públicos, etc., se desinfectan a
diario con productos a base de hipoclorito sódico.
El hipoclorito sódico es el derivado del cloro más conocido
tras la sal común, puesto que es el producto activo de las
famosas "lejías domésticas". El hipoclorito
sódico es una disolución de cloro en agua ligeramente
alcalina, y se utiliza en baja concentración en estos productos
de limpieza y desinfección domésticos.
En nuestros hogares llevamos a cabo desinfecciones cada vez que limpiamos
los azulejos, las encimeras de la cocina, los inodoros, el suelo,
etc., con lejías domésticas. De ellas depende, en buena
medida, que nuestra salud conserve un grado de bienestar alejado de
ciertas enfermedades.
Las empresas que comercializan estos productos ponen a nuestra disposición
diferentes tipos de lejías, que podemos reconocer por el color
característico de la botella que las contiene. Las amarillas
contienen la "lejía por excelencia", la más
adecuada para la desinfección e higienes domésticas,
puesto que contiene sólo hipoclorito sódico diluido,
el responsable de la desinfección. Las blancas han adecuado
su fórmula para el tratamiento de la ropa. Las azules y verdes
introducen otros principios activos para que tengan una gran capacidad
detergente sin necesidad de añadir ningún tipo de jabón.
A buen seguro que cada uno de nosotros tenemos en casa más
de una de este tipo de lejías.
El hecho de que el agua sea un medio necesario para la vida y multiplicación
de estos microorganismos nos lleva a la consecuencia de que es uno
de los elementos sobre el cual debemos actuar prioritariamente para
eliminar toda posibilidad de transmisión de las enfermedades
infecciosas. Desde que se descubrió esta característica
del agua, se empezaron a utilizar procedimientos de desinfección
que han permitido eliminar prácticamente los brotes de muchas
de estas enfermedades: cólera, fiebres tifoideas, poliomelitis,
meningitis, etc.
Es así como se han desarrollado sistemas de cloración
que cumplen con total garantía el objetivo de la desinfección
del agua, utilizando métodos adecuados y realizando controles
sistemáticos de la calidad del agua que se envía a nuestros
hogares.
HISTORIA DE LOS DESINFECTANTES A BASE DE CLORO
El cloro fue descubierto, en su estado gaseoso, por el químico
sueco C.W. Scheeldeen en 1774. Fue en 1910 cuando se le identificó
como elemento químico por Sir Humphrey Davy, y recibió
la denominación de cloro, proveniente del nombre griego "chloros"
(verde pálido), a causa de su característico color.
Durante largo tiempo el cloro permaneció como una curiosidad
de laboratorio, dado que su fabricación resultaba sumamente
difícil y, por otra parte, su transporte y su manipulación
eran prácticamente imposibles.
Fue algunas décadas después cuando se descubrió
su efecto desinfectante. Las primeras referencias al uso del cloro
en la desinfección del agua datan de hace más de un
siglo. Se utilizó durante un corto período de tiempo
en Inglaterra, en el año 1854, combatiendo una epidemia de
cólera, y fue utilizado de forma regular en Bélgica
a partir de 1902.
Paralelamente, en 1792 se descubrió el hipoclorito cálcico
en la localidad de Javel, por lo que se le denominó "Eau
de Javel" (Agua de Javel). Este producto fue el origen del hipoclorito
sódico, que tenía las mismas propiedades antisépticas
que su predecesor. Como antiséptico, el hipoclorito sódico
fue utilizado por primera vez a gran escala en Inglaterra en 1897
para la desinfección de residuos tras una epidemia de fiebre
tifoidea. A finales de siglo se empezó a utilizar también
para desinfectar las manos de los médicos antes de las intervenciones
quirúrgicas. Fue en las guerras de principio de siglo que se
extendió el uso del hipoclorito, utilizado en una solución
diluida neutralizada con ácido bórico en las ambulancias
como antiséptico para las heridas.
A través del tiempo transcurrido desde estas relativamente
cercanas fechas, el cloro se ha acreditado como el más eficaz
de los medios utilizados en la desinfección del agua, bien
sea directamente o en forma de compuestos que lo contienen. El desarrollo
experimentado durante los últimos cincuenta años en
los métodos y equipos utilizados a este fin, han facilitado
su adopción con carácter general para el tratamiento
de agua.
En la actualidad, la utilización del cloro gaseoso es la forma
más habitual, aunque requiere el empleo de materiales y equipos
apropiados. En pequeñas instalaciones, abastecimientos rurales
o para emergencias, la utilización de soluciones de diversos
productos químicos que contienen cloro, puede ser más
satisfactoria y económica. Entre estos productos destacan el
hipoclorito sódico, para los abastecimientos de pequeñas
dimensiones, y el hipoclorito de calcio, utilizado mayoritariamente
en los equipos de cloración que se instalan en zonas que han
padecido grandes catástrofes, como las acaecidas recientemente
en Centroamérica.
Durante los últimos años, los abastecimientos de agua
han venido adoptando la práctica habitual de la cloración,
que hoy es obligatoria como consecuencia de la aplicación de
la normativa legal.
La OMS informa
El número de muertes anuales, directamente relacionadas con
el consumo de agua no potable, en el mundo se eleva a 3 millones.
Una cifra enorme y especialmente preocupante que hay que comparar
con los 120 millones de personas que, en la región Europa de
la O.M.S., no dispone en la actualidad de forma permanente de agua
microbiológicamente potable.
Las autoridades locales son las primeras responsables en eliminar
este riesgo y de hacer frente a contaminaciones que, aun siendo mínimas,
pueden ser la causa de epidemias catastróficas. A ellas les
compete hacer todo lo posible para ofrecer a la población un
agua sana las 24 horas al día.
La aplicación de normas simples garantiza la obtención
de un agua de calidad. Entre estas normas, y antes de proceder a un
pretratamiento de aguas por medios altamente especializados y a menudo
costosos, la desinfección con cloro sigue siendo, en todo caso,
prioritaria.
Enfermedades de origen hídrico
Si bien los principales riesgos epidemiológicos relacionados
con el consumo de agua contaminada por gérmenes muy virulentos,
como son los del cólera, las fiebre tifoideas o la hepatitis
vírica, ya no son hoy en día tan frecuentes en los países
europeos, la existencia de enfermedades de origen hídrico resultantes
de la contaminación microbiológica de las aguas de consumo
humano siguen estando de actualidad.
Por ejemplo, en el período 1981-1988 se declararon en los Estados
Unidos 248 epidemias de gastroenteritis a causa del agua.
Una gran cantidad de gérmenes pueden ser la causa de epidemias
de origen hídrico: históricamente, los primeros gérmenes
a los que se han atribuido han sido las Salmonellas y las Shigellas.
Hoy en día, otros microorganismos como los Rotavirus, los Campylobacter
o parásitos como Giardia se identifican como responsables de
las mismas.
La mayoría de los trastornos ocasionados por estos gérmenes
son de una gravedad moderada presentándose a menudo en forma
de gastroenteritis asociada con diarreas, dolores abdominales o vómitos.
Dichos trastornos son por lo general de corta duración. Pueden
afectar a algunas personas o a comunidades enteras, dependiendo de
la calidad o el del tipo de germen presente en el agua. Junto a estas
epidemias "benignas", aparecen ocasionalmente enfermedades
de origen hídrico mucho más graves.
El tipo de germen, su modo de transmisión así como el
perfil de las personas contaminadas determinan la gravedad de la infección:
los niños de corta edad, las personas mayores, los inmunodeficientes
o los enfermos representan los grupos de población más
expuestos a este riesgo. Los brotes de epidemias en las colectividades
en que dichos grupos de población sensibles son numerosos (guarderías,
escuelas, hospitales, etc.) hacen a menudo las veces de centinela
y de alerta de las autoridades.
La infección puede provenir del consumo directo del agua contaminada
o de sus diversos usos cotidianos: preparación de comidas,
aseo o incluso inhalación.
La contaminación microbiológica del agua es por lo general
de origen humano o animal, transmitida por las heces. La presencia
de gérmenes patógenos en las aguas residuales, o de
excrementos (de enfermos o de portadores sanos) en las cercanías
de una toma puede ser la causa de la contaminación de un recurso
hídrico.
LOS LIQUENES: Generadores
naturales de sustancias cloradas.
Recientes artículos publicados en revistas científicas,
(Sipman 1994 y Lücking 1998) hacen referencia a la presencia
de líquenes foliícolas que viven sobre plástico,
cuando normalmente éstos se desarrollan sobre la cutícula
de las hojas de árboles y arbustos. Eso es lo que significa
exactamente la palabra foliícola.
Nosotros hemos observado como otras especies de líquenes consideradas
ubicuistas (es decir, que pueden crecer sobre cualquier tipo de substrato)
se desarrollan también sobre plástico (PVC). Concretamente,
recubren los ribetes plásticos de las tiendas de camping o
incluso recubren la tapa de los contenedores de basuras, indistintamente
del color de los mismos.
Los líquenes son hongos que asociados a un alga (en ocasiones
una cianofícea) forman un cuerpo vegetativo, llamado talo por
los especialistas. El talo está constituido en su mayor parte
por hifas del hongo y también por algas. Por esta razón
los líquenes son considerados organismos duales, es decir fruto
de la unión de dos tipos de organismos (el micobionte y el
fotobionte), cada uno de los cuales se encarga de aportar algo en
beneficio común. El LIQUEN ha sido considerado como una simbiosis
estable en la que el hongo da protección al alga y le facilita
la absorción de agua y sales minerales, y el alga, gracias
a su capacidad de realizar la fotosíntesis, proporciona al
hongo los carbohidratos que necesita para su nutrición. El
resultado de esta simbiosis es un nuevo organismo que sin necesidad
de materia orgánica elaborada puede autoalimentarse y por tanto
colonizar los substratos más variados. Una característica
de los líquenes es la presencia en su talo de una gran variedad
de substancias liquénicas, que son productos derivados de su
metabolismo y que normalmente se depositan extracelularmente en forma
de cristales.
El talo de los líquenes puede tener forma de costra completamente
adherida al substrato como si se tratara de una capa de pintura, forma
de lámina más o menos lobulada o incluso presenta formas
muy ramificadas, a modo de cabelleras, que podemos ver colgando de
las ramas de algunos arboles en los bosques.
La nutrición de los líquenes esta directamente relacionada
con la capacidad fotosintetizadora del alga. Mediante la fotosíntesis,
el alga puede utilizar la energía luminosa para convertir el
dióxido de carbono, en presencia de agua, en carbohidratos.
De alguna forma los carbohidratos elaborados por el alga pueden pasar
al hongo para servirle de alimento.
Fruto de su unión es la independencia, en muchas ocasiones,
del substrato ya que no necesitan incorporar nada del suelo. Viven
pues del CO2 atmosférico, del agua tomada de la atmósfera
y de la energía luminosa. Parece que algunas substancias consideradas
como micronutrientes son necesarias para la vida del liquen pero estos
micronutrientes pueden ser tomados directamente de la atmósfera
o bien del substrato.
Volviendo a los líquenes que viven sobre el plástico,
Sipman (1994) dice que parece que no deben extraer ninguna substancia
del substrato. Este es un punto no comprobado científicamente
y en cualquier caso el cloro es un elemento importante presente en
los plásticos, que también está presente en los
talos de algunos líquenes.
Entre las 930 substancias liquénicas conocidas, unas 210 presentan
cloro (Huneck y Yoshimura, 1996).
Algunas especies de líquenes como Hypogymnia physodes y Pseudevernia
furfuracea presentan en el córtex (la capa externa del talo)
cloratranorina, una substancia liquénica que contiene cloro.
Takala et al. (1990) han encontrado altas concentraciones de cloro
en el talo de estas especies, y proponen que la fuente principal del
cloro puede provenir de los aerosoles marinos y de la lluvia. Concretamente,
en la primera de las especies citadas la concentración va de
1.250 a 1.500 ppm, pero en la segunda especie puede llegar a 3.800
ppm. Según estos mismos autores la capacidad de sintetizar
cloratranorina se puede interpretar como una estrategia para neutralizar
el ión Cl- que es tóxico y esta presente en el agua
de lluvia. Lo que nos sugiere que la naturaleza es tan sabia que es
capaz de neutralizar las substancias tóxicas. Otros autores
han demostrado la eficacia de la cloratranorina en la interrupcción
del proceso de la fotosíntesis (Vicente 1975). Según
esto, el hongo, a partir de un producto de deshecho ha llegado a ser
capaz de reciclarlo y utilizarlo en beneficio propio, al disponer
de una substancia que le ofrece la posibilidad de regular la fotosíntesis
que realiza el alga.
En otros casos como en Ramalina duriaei, los líquenes no sintetizan
ninguna substancia liquénica que contenga cloro. Fuchs &
Garty (1983) estudiaron las concentraciones de cloro en los talos
de esta especie en 30 localidades próximas a Tel Aviv. Como
resultado obtuvieron una fuerte correlación entre la concentración
de cloro en el talo del liquen y la distancia al mar. Desde una concentración
de 8.700 ppm en la zona más próxima a la costa, hasta
las 100 ppm en la estación más distante. No explican
los autores como puede este liquen resistir las altas concentraciones
de cloro en su talo.
Muchas preguntas, sin una respuesta conocida actualmente, se pueden
hacer sobre las relaciones entre los líquenes y el cloro y
relativamente pocos esfuerzos se han dedicado a dilucidar la cuestión.
Es urgente plantearse una línea de investigación en
este campo que nos permita sentar unas bases sólidas comprobadas
científicamente, antes que la necesidad de explicar unos fenómenos
nos haga caer en el tópico de las suposiciones.
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